
Mujer de estrella
Allá arriba,
las quimeras,
Allá arriba
los luceros
de nuestros corazones,
Allá arriba
las líneas de tu rostro
que nos sobrecogen…
Allá arriba
el canto de sirena
que nos enamora,
No para perdernos
en los abismos del mundo,
en los barrancos de los odios,
en los precipicios de las intrigas,
No para ser comidos
por nuestros propios monstruos
que emergen desde el remordimiento
de nuestras entrañas,
Sino
para imaginar, imaginar, imaginar,
la perfección y sus pecados,
como la tenaz posibilidad
de nadar contra la corriente
en la dulce seducción de una mujer alunada,
lúcida, victoriosa
y translúcida.
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